BEATA ROSA GATTORNO 6 de mayo.
YossMaria Apr 25, 2010 wwwmujerfuerte.org Nació en Génova Italia, el 14 de octubre de 1831. Su infancia y adolescencia, protegidas por el sólido temple y la diligente piedad de la madre, transcurren serenas en UN ambiente familiar, cálido de afecto y devoción.
Contrae matrimonio con Jerónimo Custo con quien tiene tres hijos. A los 26 años queda viuda y en la más absoluta pobreza. Regresa a la casa paterna, donde aprovecha el día y a veces la noche para visitar a los enfermos pobres y moribundos. Después de sus hijos, los pobres y desposeídos forman parte de su vida. Algunos sacerdotes y hasta el mismo arzobispo, recurren a ella para encargarle responsabilidades en la propagación de la fe y dirección de las obras de caridad.
El padre Franssinetti, fundador de varias asociaciones religiosas, le pidió a Rosa la corrección del reglamento de una pía unión. Absorta en la oración no se da cuenta de que escribe una especie de reglamento q parecen normas de una nueva congregación religiosa. Entra en una terrible lucha interna viendo que debía elegir entre sus hijos y sus padres ancianos o seguir el dictado de su corazón, cuando sentí el llamado de dios
Pide audiencia con el Papa Pío IX quien la exhorta a poner la Obra de Dios en marcha aconsejándole que Dios pensará en sus hijos y que ella piense en su obra. “Si tu no haces lo que Dios quiere de ti, tendrás remordimiento todo el tiempote tu vida y no tendrás más paz” concluye diciéndole: “tu instituto Rosa se extenderá rápidamente como el vuelo de la paloma”.
En Roma, donde había iniciado su obra desde el 1873, organizó escuelas masculinas y femeninas para los pobres, jardines infantiles, asistencia a los hijos recién nacidos de los obreros de la Manufactura de tabaco, casas para ex prostitutas, mujeres de servicio doméstico, enfermeras a domicilio, surgió también la Casa Generalicia, con la Iglesia anexa.
A su muerte dejó 368 casas, en las cuales desempeñaban su misión 3.500 hermanas
Beata Ana Rosa Gattorno, viuda y fundadora - el 6 de mayo
fecha de inscripción en el santoral: 6 de mayo
n.: 1831 - †: 1900 - país: Italia
canonización: B: Juan Pablo II 9 abr 2000
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Roma, beata Ana Rosa Gattorno, religiosa, que, siendo madre de familia, al quedar viuda lo dejó todo y se entregó por completo a Dios y al prójimo. Fundó la Congregación de Hijas de Santa Ana, Madre de María Inmaculada, donde brilló por la gran labor realizada a favor de los enfermos, los débiles y los niños desamparados, en cuyo rostro contemplaba a Cristo pobre.
Amor mio, cómo puedo hacer para que todo el mundo te ame? Sírvete una vez más de este tu miserable instrumento para reavivar la fe y la conversión de los pecadores.
Este impulso generoso brotado a los pies de su «Sumo Bien», que la atraía siempre más irresistiblemente a sí, constituyó el anhelo profundo del corazón de Ana Rosa Gattorno, hasta impulsarla a ofrecer totalmente su vida en una continua inmolación por la gloria y complacencia del Padre. Nació en Génova el 14 de octubre de 1831, de una familia de condición económica acomodada, de buena posición social y de profunda formación cristiana. Fue bautizada el mismo día, en la Parroquia de San Donato, con el nombre de Rosa María Benedetta. A los 21 años (5 de noviembre, 1852) , contrajo matrimonio con su primo Jerónimo Custo y se trasladó a Marsella. Una imprevista crisis financiera turbó muy pronto la felicidad de la nueva familia, obligada a volver a Génova marcada por la pobreza. Desgracias aún mas graves la amenazaban, su primera hija Carlota afectada de una improvisa enfermedad quedó sordomuda para siempre; el tentativo de Jerónimo para hacer fortuna en el extranjero se concluyó con el regreso, agravado por una funesta enfermedad; el gozo de los otros dos hijos fue profundamente turbado por el fallecimiento del marido, que la dejó viuda a menos de seis años de casada (9 de marzo, 1858) y después de algunos meses la pérdida de su último hijito.
El apremiar de tantos acontecimientos tristes, marcó en su vida un cambio radical que ella llamará «su conversión» a la oferta total de sí al Señor, a su amor y al amor del prójimo. Purificada por las pruebas, pero fuerte en el espíritu, comprendió el verdadero sentido del dolor, enraizándose en la certeza de su nueva vocación. Bajo la guía del confesor don José Firpo emitió en forma privada los votos perpetuos de castidad y obediencia en la fiesta de la Inmaculada del 1858; enseguida también el de pobreza (1861), en el espírirtu del pobrecito de Asis, como terciaria franciscana. Desde el 1855 había obtenido el beneficio de la comunión diaria, no común en aquel tiempo. A tal manantial de gracia quedó constantemente anclada y sostenida por una siempre mayor intimidad con el Señor, en la cual encontró apoyo, ardor misionero, fuerza e impulso para el servicio a los hermanos. En 1862 recibió el don de los estigmas ocultos, percibidos más intensamente los días viernes.
Las asociaciones católicas en Génova la solicitaban y así, aún amando el silencio y el anonimato, todos notaron el carácter genuinamente evangélico de su tenor de vida. Progresando en este camino le fue confiada la presidencia de la «Pía Unión de las nuevas Ursulinas, Hijas de Santa María Inmaculada», fundada por Frassinetti y por expreso deseo del Arzobispo Monseñor Charvaz, también la revisión de las reglas destinadas a la Pía Unión. Justamente en aquella circunstancia (febrero 1864), en un clima de más intensa oración, delante del Crucifijo, recibió la inspiración de una nueva regla para una suya específica Fundación. Temiendo ser obligada a abandonar los hijos, reza, hace penitencia, pide consejo. Fray Francisco de Camporosso, santo capuchino lego, aún mostrándose temeroso por las graves tribulaciones que se perfilaban, la sostiene dándole valor; de igual manera lo hacen el confesor y el Arzobispo de Génova.
Superadas las resistencias de los parientes y abandonadas las obras de Génova, no sin disgusto de su Obispo, da inicio en Placencia a la nueva Familia Religiosa que denominó definitivamente «Hijas de Santa Ana, Madre de María Inmaculada» (8 diciembre 1866). Vistió el hábito religioso el 26 de julio de 1867 y el 8 de abril de 1870 emitió la profesión religiosa junto a doce hermanas. En el desarrollo del Instituto recibió la colaboración del P. Juan Baustista Tornatore, sacerdote de la Misión, a quien pidió expresamente que escribiera las Reglas y que luego fue considerado Cofundador del Instituto.
Confiada totalmente a la Providencia divina y animada desde el principio de un valeroso impulso de caridad, Rosa Gattorno dió inicio a la construcción de la «Obra de Dios», como la había llamado el Papa y como la llamará siempre también ella, elegida para cooperar, en espíritu de donación materna, atenta y solícita hacia las diversas formas de sufrimiento y de miseria moral o material, con la única intención de servir a Jesús en sus miembros adoloridos y heridos y de «evangelizar ante todo con la vida».
Da inicio a varias obras de servicio para los pobres y enfermos de cualquier enfermedad, para las personas solas, ancianas, abandonadas; los pequeños e indefensos; las adolescentes y las jóvenes «en peligro» a quienes proveía una instrucción adecuada y la sucesiva inserción en el mundo del trabajo. A estas formas, se agregan muy pronto la apertura de escuelas populares para la instrucción de los hijos de los pobres y otras obras de promoción humano-evangélica, según las necesidades más urgentes de la época, con una efectiva presencia en la realidad eclesial y civil. Llamaba a sus hijas «Siervas de los pobres y ministras de la misericordia» y las exhortaba a acoger como signo de predilección del Señor el servicio a los hermanos, cumpliéndolo con amor y humildad: «Sean humildes piensen que son las últimas y las más miserables de todas las creaturas que prestan su servicio a la Iglesia, de la cual tienen la gracia de formar parte».
A pesar de la buena acogida de su obra, no fueron ahorradas a Madre Rosa Gattorno pruebas, humillaciones, dificultades y tribulaciones de todo género. No obstante esto, el Instituto se difundió rápidamente en Italia y en el extranjero, realizando así el ardiente deseo misionero de la fundadora: «Amor mío! Cómo me siento arder de deseo de hacerte conocer y amar por todos; quisiera atraer a todo el mundo, dar a todos, socorrer a todos quisiera correr por doquier y gritar fuerte para que todos vengan a amarte». Ser «portavoz de Jesús» y hacer llegar a todos los hombres el Amor que salva, fue siempre el anhelo profundo de su corazón. En 1878 enviaba ya a las primeras Hijas de Santa Ana en Bolivia, después Brasil, Chile, Perú, Eritrea, Francia, España.
Puro y simple instrumento en las manos del «Delicado Artífice», conformada a Cristo pobre y víctima de amor con El, realizó en su vida el anhelo inculcado a sus hijas : «Vivir por Dios y morir por El, gastar la vida por amor». Así vivió hasta febrero de 1900, cuando afectada por una inesperada enfermedad, se agravó rápidamente. Sometida a duras pruebas de penitencia, frecuentes y extenuantes viajes, una intensa correspondencia epistolar, preocupaciones y grandes disgustos, su físico no pudo más. El 4 de mayo recibió el sacramento de los enfermos y dos días después el 6 de mayo, a las 9 de la mañana, cumplido su peregrinaje terreno se extingue santamente en la Casa General. La fama de santidad que ya había irradiado en vida, irrumpe en ocasión de su muerte, creciendo ininterrumpidamente en todas partes del mundo. Fue beatificada por SS Juan Pablo II el 9 de abril del 2000.
fuente: Vaticano
San Lucio de Cirene, santo del NT
Conmemoración de san Lucio de Cirene, que en el libro de los Hechos de los Apóstoles es nombrado entre los profetas y doctores de la Iglesia de Antioquía. († s. I)
Santos Mariano y Jacobo, mártires
En Lambesa, en Numidia, santos mártires Mariano, lector, y Jacobo, diácono. El primero, tras haber superado, por su fe en Cristo, diversas pruebas durante la persecución desencadenada por Decio, fue detenido de nuevo junto con su querido compañero, y ambos, después de soportar crueles suplicios, fueron muertos a espada en compañía de otros muchos, confortados con la gracia de Dios. († c. 259)
San Venerio de Milán, obispo
En Milán, de la Liguria, san Venerio, obispo, discípulo y diácono de san Ambrosio, que acudió en ayuda de los obispos africanos enviándoles clérigos, y favoreció a san Juan Crisóstomo en su destierro. († 409)
Santa Benita, virgen
En Roma, santa Benita, virgen y monja romana, de quien san Gregorio Magno cuenta que descansó en el Señor, tal como ella misma había pedido con insistencia, a los treinta días de la muerte de santa Gala, de la cual era amada más que cualquier otra. († s. VI)
San Eadberto de Lindisfarne, obispo
En Lindisfarne, población de Northumbría, en Inglaterra, san Eadberto, obispo, sucesor de san Cutberto, que brilló por su conocimiento de las Escrituras, por su observancia de los preceptos divinos y, especialmente, por sus generosas limosnas. († 698)
San Pedro Nolasco, presbítero y fundador (1 coms.)
En Barcelona, en España, san Pedro Nolasco, presbítero, que, según la tradición, junto con san Ramón de Penyafort y el rey Jaime I de Aragón fundó la Orden de Nuestra Señora de la Merced, para la redención de los cautivos. Se entregó ardientemente, con trabajo y esfuerzo, a procurar la paz y a liberar del yugo de la esclavitud a los cristianos que habían caído cautivos de los infieles. († 1258)
Beato Bartolomé Pucci-Franceschi, religioso presbítero
En Montepulciano, en la región de Toscana, beato Bartolomé Pucci-Franceschi, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, quien, impulsado por su amor a Dios, dejó a su mujer, hijos y riquezas, y se hizo pobre de Cristo. († 1330)
Beatos Eduardo Jones y Antonio Middleton, presbíteros y mártires
En Londres, en Inglaterra, beatos Eduardo Jones y Antonio Middleton, presbíteros y mártires, los cuales, en tiempo de la reina Isabel I, por su condición de sacerdotes fueron apresados ante su propia casa y después descuartizados a espada. († 1590)
San Francisco de Montmorency-Laval, obispo
En Quebec, en el dominio de Canadá, san Francisco de Montmorency-Laval, obispo, que estableció su sede episcopal en esta ciudad, y desde allí, durante casi cincuenta años, se dedicó con todas sus fuerzas a confirmar y acrecentar la Iglesia desde esta vasta región de América del Norte hasta el golfo de México. († 1708)
Beato Jacinto Vera, obispo
En Pan de Azúcar, Maldonado, República Oriental del Uruguay, beato Jacinto Vera, obispo de Montevideo, que desempeñó su misión con celo pastoral durante el proceso de independencia del país, reivindicando la libertad religiosa y los derechos de la Iglesia y de los pobres, aun a costa del exilio. († 1881)
Beata María Catalina Troiani, virgen y fundadora
En la ciudad de El Cairo, en Egipto, beata María Catalina Troiani, virgen de la Tercera Orden Regular de San Francisco, que desde Italia fue enviada a ese país africano, donde fundó una nueva familia de Hermanas Franciscanas Misioneras. († 1887)
Beata Ana Rosa Gattorno, viuda y fundadora
En Roma, beata Ana Rosa Gattorno, religiosa, que, siendo madre de familia, al quedar viuda lo dejó todo y se entregó por completo a Dios y al prójimo. Fundó la Congregación de Hijas de Santa Ana, Madre de María Inmaculada, donde brilló por la gran labor realizada a favor de los enfermos, los débiles y los niños desamparados, en cuyo rostro contemplaba a Cristo pobre. († 1900)
Beatos Enrique Kaczorowski y Casimiro Gostynski, presbíteros y mártires
Cerca de Munich, en la región de Baviera, en Alemania, beatos Enrique Kaczorowski y Casimiro Gostynski, presbíteros y mártires, que durante la invasión de Polonia en tiempo de guerra fueron hechos prisioneros por los perseguidores de la dignidad humana y conducidos al campo de concentración de Dachau, donde, por su fe en Cristo, exhalaron el último suspiro en las cámaras de gas. († 1942)
Beato Marcel Carrier, mártir
En Nové Mesto (Neustadt-sur-Tachau), Tachov (Chequia), beato Marcel Carrier, joven laico de la diócesis de Saint-Denis, casado, miembro de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), que dio testimonio de la fe como mártir bajo el nazismo. († 1945)
Nació en Génova Italia, el 14 de octubre de 1831. Su infancia y adolescencia, protegidas por el sólido temple y la diligente piedad de la madre, transcurren serenas en UN ambiente familiar, cálido de afecto y devoción.
Contrae matrimonio con Jerónimo Custo con quien tiene tres hijos. A los 26 años queda viuda y en la más absoluta pobreza. Regresa a la casa paterna, donde aprovecha el día y a veces la noche para visitar a los enfermos pobres y moribundos. Después de sus hijos, los pobres y desposeídos forman parte de su vida. Algunos sacerdotes y hasta el mismo arzobispo, recurren a ella para encargarle responsabilidades en la propagación de la fe y dirección de las obras de caridad.
El padre Franssinetti, fundador de varias asociaciones religiosas, le pidió a Rosa la corrección del reglamento de una pía unión. Absorta en la oración no se da cuenta de que escribe una especie de reglamento q parecen normas de una nueva congregación religiosa. Entra en una terrible lucha interna viendo que debía elegir entre sus hijos y sus padres ancianos o seguir el dictado de su corazón, cuando sentí el llamado de dios
Pide audiencia con el Papa Pío IX quien la exhorta a poner la Obra de Dios en marcha aconsejándole que Dios pensará en sus hijos y que ella piense en su obra. “Si tu no haces lo que Dios quiere de ti, tendrás remordimiento todo el tiempote tu vida y no tendrás más paz” concluye diciéndole: “tu instituto Rosa se extenderá rápidamente como el vuelo de la paloma”.
En Roma, donde había iniciado su obra desde el 1873, organizó escuelas masculinas y femeninas para los pobres, jardines infantiles, asistencia a los hijos recién nacidos de los obreros de la Manufactura de tabaco, casas para ex prostitutas, mujeres de servicio doméstico, enfermeras a domicilio, surgió también la Casa Generalicia, con la Iglesia anexa.
A su muerte dejó 368 casas, en las cuales desempeñaban su misión 3.500 hermanas
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